domingo, 2 de octubre de 2011

Observación

Después de analizar los métodos perceptivos que usaremos, vamos a profundizar en lo que queremos observar, las características del viento. Nuestro cuerpo es capaz de medir prácticamente todas las características del viento, dentro de unos umbrales de intensidad. Mi intención es enriquecer los “inputs” y saltarnos en cierta medida los umbrales de nuestra fisiología.
A continuación analizo brevemente las características del viento y apunto en cursiva las líneas de trabajo que planteo.

Intensidad: Relativa, perceptible por el tacto, el equilibrio y de manera indirecta por la vista o el oído. Es una de las más sencillas de percibir y nuestra experiencia y el uso de la vista nos aporta información a diferente nivel (vegetación, nubes,...). Eso si, es importante insistir en el sentido relativo de la velocidad. Los aeroplanos miden la velocidad relativa del viento, pues son objetos dinámicos que precisan viento en contra para tener sustentación. Por ahora observaremos la velocidad respecto al punto de observación.
Oído, anemómetro de cazoletas, sonido, ritmo, armonía


Humedad: Quizás la más difícil de mesurar por el ser humano. No de percibir, pero dependiente mas de los gradientes que de su valor absoluto o relativo. Quizás con los modernos medios de transporte y experiencias vitales amplias podría alguien afinar en la medición de porcentajes de humedad relativa del ambiente. Pero dentro de un mismo territorio las modificaciones suelen ser progresivas y la adaptabilidad del ser humano desvanece la percepción del gradiente. Podríamos además ampliar el rango, pero para ello deberíamos alcanzar grandes alturas. Veremos.
Vista, tacto, materiales higroscópicos, densidades del aire, condensaciones…

Dirección: Es obvio que podemos distinguir olores a grandes distancias, siempre que el viento nos ayude. Ejemplos muchos, desde Valdemingómez en Rivas a la pastelería de Las Tablas. Pero ubicándonos en nuestro ámbito de trabajo y acercándonos a la idea de paisaje, creo que mejor usar las flores. La idea es plantear una “rosa floral”, generada por una barrera vegetal concéntrica con el observatorio y que habrá que definir en función de la zona de trabajo. Aunando diversos factores desde la clase de plantación para asegurarnos el funcionamiento en cada época (teniendo en cuenta si cabe los vientos de cada época), cromatismo, ecología. Eso si, la geografía sin accidentes hace complicado aislar nuestra rosa, es un tema importante a tratar.
Olfato, gusto, flores, tulipanes, amapolas, azucenas, paisaje…


Estratificación: En mi opinión, desde el punto de vista perceptivo, la estratificación es más una suma de características pues en cada estrato aparece una intensidad, una higroscopía, y una dirección que pueden ser diferentes. El observatorio debería ayudarnos a percibir esta estratificación como suma de las características de cada estrato.
Vista, oído, diferentes medidas en altura, heterogeneidades, sonido compuesto, escalas, melodía…



Temperatura: Es otra de las características que podemos mesurar con nuestros sentidos, y aún siendo relativa, la estabilidad térmica de nuestro cuerpo nos permite distinguir bien la temperatura y los gradientes que puedan surgir. El problema es que nuestro rango de percepción queda unido a nuestro cuerpo. Es muy difícil percibir gradientes de temperatura en la atmósfera y también apreciar temperaturas (quizás estudiando los tipos de nubes), así que además intentaré prolongar nuestra percepción térmica en altura.
Vista, oído, dilataciones, conductividad, condensaciones…

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